¿Cómo se contrae una fobia?

Las fobias son trastornos adquiridos, es decir, no nacemos con ellas ni son hereditarias, sino que son respuestas que hemos aprendido.

Hay veces en que podemos observar las mismas fobias dentro de una familia y, por ello, podríamos creer que se trata de una característica heredada. Sin embargo, se trata de un aprendizaje por observación. El niño observa la respuesta de temor y angustia de alguno de sus progenitores ante un estímulo y aprende esa respuesta, adquiriendo la fobia. Se han realizado experimentos en los que se introducían serpientes en un lugar en el que estaban madres con sus bebes. Si las madres reaccionaban con miedo, los niños desarrollaban esa misma conducta. Por el contrario, si las madres habían sido instruidas para no reaccionar con temor y para comportarse con naturalidad, los bebes no identificaban a las serpientes como algo peligroso.

La capacidad de sentir miedo sí es innata para todos los seres humanos. El miedo y las reacciones de ansiedad son útiles para que podamos saber cómo comportarnos en las situaciones peligrosas que podamos encontrarnos y nos sirven para aumentar nuestras posibilidades de supervivencia. El problema aparece cuando relacionamos esa respuesta de ansiedad con estímulos que realmente no pueden hacernos daño y permitimos que esa respuesta de terror se desarrolle hasta tal punto que nos haga sentir un gran malestar e interfiera con nuestras actividades cotidianas.

La mayoría de las fobias se adquieren en la infancia (aunque también pueden adquirirse en la adolescencia y la madurez). La fobia aparece mediante la asociación de la respuesta de temor a una experiencia desagradable. Por ejemplo, si nos quedamos encerrados una vez en un lugar pequeño y, durante un rato, nuestra ansiedad va creciendo al pensar que nadie puede oírnos y que nadie va a ayudarnos, podemos empezar a desarrollar una claustrofobia.

Hay veces en la que no es necesario un primer episodio traumático para contraer la fobia. Si una situación nos provoca malestar y la evitamos, estaremos reforzando ese miedo, que irá creciendo y haciéndose más fuerte. Si, por ejemplo, un niño se siente incómodo al estar con personas desconocidas y se siente mal por tener que acudir al cumpleaños de un compañero del colegio, puede fingir que se encuentra enfermo para no ir. Al evitar esa situación, su ansiedad se reducirá y se sentirá mejor, con lo que está consiguiendo que su miedo se fortalezca y encaminándose hacia una fobia social.

Como muchas fobias comienzan en la infancia o por situaciones que, en aquel momento, nos pasaron desapercibidas, muchas veces no podemos situar con precisión el momento y la situación exacta en la que la fobia empezó a manifestarse. Sin embargo, esto no debe preocuparnos, ya que con las terapias actuales no es necesario encontrar la causa de nuestra fobia para poder tratarla.

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