¿Por qué se padece claustrofobia?

Muchas de las personas que padecen claustrofobia han sufrido en el pasado una situación traumática que les hace evitar escenarios similares. Por ejemplo, alguien que se ha quedado atrapado varios minutos en un ascensor, solo y a oscuras, puede empezar a sufrir síntomas de ansiedad en esa situación y pensar que va a quedarse atrapado para siempre, que perderá el control o que se asfixiará por la falta de aire. Cuando consigue salir, sus síntomas de ansiedad disminuyen de forma considerable. En futuras situaciones, sentirá que su ansiedad se eleva cuando tiene que entrar en un ascensor y que ésta desciende cuando sale o cuando decide subir andando, por lo que la fobia irá creciendo en intensidad y generalizándose a otras situaciones similares como los aviones, los túneles, las habitaciones pequeñas y cerradas…

No siempre es necesario sufrir esta experiencia negativa en primera persona. Ver las consecuencias en otras personas o que te cuenten su historia, o incluso, ver un ataque de pánico provocado por el encierro en una película puede hacer que la ansiedad de la persona se dispare cuando se encuentre en una situación similar.

Algunos autores postulan la posibilidad de que en la claustrofobia existan causas hereditarias y que este trastorno se transmita de generación en generación. Sin embargo, otros autores señalan que esta conducta sería transmitida por los padres a través de las historias que pueden contarles a sus hijos sobre experiencias traumáticas que ellos han vivido o, simplemente, transmitiéndoles su nerviosismo sin darse cuenta cuando entran en algún lugar cerrado.

Lo que es claro es que no solamente se necesita una experiencia traumática para desarrollar la claustrofobia. No todas las personas que se quedan atrapadas en el ascensor desarrollan claustrofobia, lo que indica que, además de la experiencia traumática, existen otros factores de riesgo que influyen en el desarrollo del trastorno.

Estos factores son:

  • Vivir la experiencia de encierro de forma ansiosa: Si la persona se sienta tranquilamente a esperar a que la saquen, no estará viviendo la experiencia con ansiedad, por lo que no desarrollará miedo a esa situación.
  • Evitar continuamente las situaciones similares a la que provocaron la ansiedad: Si la persona se quedó atrapada y sufrió un ataque de ansiedad pero decide afrontar su miedo y enfrentarse a la situación, atajará la fobia de raíz, por lo que no desarrollará una claustrofobia.
  • Generalizar la ansiedad a otras situaciones: Si vamos generalizando la ansiedad de la situación que la provocó (ascensor) a situaciones parecidas (metro, cabinas de teléfono, habitaciones pequeñas…), estaremos consiguiendo que la fobia sea cada vez más fuerte y que interfiera cada vez en más situaciones de nuestra vida cotidiana.

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