Ansiedad y fobias

Las fobias y la ansiedad están muy relacionadas. De hecho, una fobia no es más que una respuesta de ansiedad a un estímulo concreto, que resulta desproporcionada o ilógica.

Para explicarlo, debemos aclarar la función de las respuestas de ansiedad. Estas respuestas son innatas al ser humano y, desde la antigüedad, nos han servido para garantizar nuestra supervivencia. Cuando uno de nuestros antepasados se enfrentaba a un peligro (un animal salvaje, por ejemplo) la respuesta de ansiedad se desataba, facilitando las conductas de huida o de enfrentamiento. Así, su corazón se aceleraba, su respiración se hacía más rápida, sus músculos se activaban, su circulación se encargaba de llevar nutrientes a todas sus células… Esto aseguraba que, tanto si la persona huía como si se enfrentaba a su atacante, su organismo estaba preparado y contaba con la energía suficiente para dar lo mejor de sí mismo. Una vez superada la situación de peligro, la respuesta de ansiedad pasaba y el organismo regresaba a sus niveles de activación normales.

El problema del hombre actual es que sigue manteniendo ese mismo tipo de respuestas para enfrentarse a situaciones en las que no necesita tanta activación. Nuestras respuestas de ansiedad pueden activarse en un atasco de tráfico o en una discusión con nuestro jefe, situaciones en las que normalmente no vamos a huir ni atacar, por lo que esa activación de nuestro organismo, esas hormonas vertidas a nuestro torrente sanguíneo y esa energía, no son utilizadas. Si esos niveles de ansiedad sin salida se producen con mucha frecuencia, pueden producir trastornos de ansiedad, trastornos psicosomáticos…

En el caso de las fobias, un estímulo o situación determinada provoca esos niveles de activación. El cuerpo de la persona se prepara para reaccionar (normalmente huyendo) de la misma forma que si se encontrase ante un depredador que fuese a atacarle. Si la persona no sabe cómo poner remedio a esa situación, cada vez sentirá más miedo ante ese estímulo e incluso le bastará con imaginarlo o saber que va a tener que enfrentarse a él para que la respuesta de ansiedad aparezca. Poco a poco, el miedo irá creciendo y las reacciones serán cada vez mayores, hasta llegar a interferir de manera importante en las actividades cotidianas o relaciones sociales de la persona afectada.

Comments are closed.