¿Qué es la agorafobia?

La agorafobia, que es una de las fobias más complejas, es un trastorno de ansiedad que consiste en el miedo incontrolable, intenso e irracional a los lugares en los que la persona no podría escapar ni recibir ayuda, por temor a sufrir un ataque de pánico. Comúnmente se piensa que la agorafobia es un temor a los espacios abiertos pero no es exactamente eso. La agorafobia, en realidad, es un miedo al miedo. La persona que la padece teme encontrarse en alguna situación que le provoque ansiedad o miedo. Temen los síntomas fisiológicos que acompañan a la ansiedad (palpitaciones, temblores, sensación de ahogo, mareos…) y los pensamientos irracionales que ésta causa, como el miedo a morir. Entre sus temores más frecuentes están el miedo a tener una crisis, a desmayarse, a hacer el ridículo, a sufrir un infarto, a perder el control…

Los ataques de pánico provocados por la agorafobia tienen un inicio brusco y alcanzan su máxima intensidad en unos pocos minutos. En ese tiempo, la persona experimenta una sensación de peligro inmediato y una urgente necesidad de escapar. Como los ataques de pánico son inesperados, las personas que padecen agorafobia tienen la sensación de no tener ningún control sobre ellos, lo que les hace sentirse indefensos y desmoralizados.

La agorafobia puede ir acompañada de otras fobias más específicas como el miedo a estar solo, a los lugares cerrados, a estar rodeados de gente, a las enfermedades…

Este trastorno, que se presenta más frecuentemente en mujeres que en hombres, hace que las personas que lo padecen eviten situaciones que podrían provocarles ansiedad como usar transportes públicos, ir de compras, asistir a espectáculos… Estas situaciones temidas no son la causa del trastorno pero, como reúnen las condiciones para que la persona sienta los síntomas que disparan el ataque de pánico, los agorafóbicos asocian su malestar con esas situaciones, evitándolos y consiguiendo con ello que el trastorno se agrave y se cronifique. Poco a poco, van restringiendo su “circulo de seguridad”, lo que acaba por recluirles en su casa, con las graves consecuencias que eso puede tener para su vida social, laboral y cotidiana.

Si se sufren algunos de estos síntomas, lo más importante es conseguir un buen diagnostico lo antes posible, ya que hay enfermedades físicas, como el hipertiroidismo con crisis de ansiedad, cuyos síntomas se pueden confundir con los ataques de pánico provocados por la agorafobia. Hay mucha gente que padece agorafobia y que realmente no sabe ponerle nombre a lo que le está sucediendo. Simplemente se sienten incómodos o sufren ataques de pánico o ansiedad ante situaciones como viajar en metro, pasar un túnel o ir al supermercado. Una vez diagnosticado adecuadamente el trastorno que sufren, la persona se sentirá mejor, ya que podrá poner nombre a sus sensaciones y saber que no está volviéndose loco y que su caso no es algo extraño que nadie puede comprender. Tras el diagnóstico debemos buscar soluciones, ya que la agorafobia es un problema persistente que puede llegar a limitar totalmente la vida de la persona afectada.

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