Consecuencia de la agorafobia en la vida cotidiana

La agorafobia es una de las fobias más incapacitantes que existen. Según la fobia va generalizándose, la persona ve cómo se van restringiendo las actividades que puede realizar y los lugares en los que se siente segura, hasta el punto de que muchos de los pacientes que sufren este trastorno pueden acabar confinados en su propia casa.

En las primeras etapas de la enfermedad, la persona se sentirá incómoda en lugares con mucha afluencia de gente o en sitios concretos en los que le resultaría complicado escapar o conseguir ayuda, como medios de transporte o túneles. Los agorafóbicos suelen evitar este tipo de situaciones o pedir a alguien cercano que les acompañe, de manera que se sienten seguros de recibir socorro si lo necesitan. En estas primeras etapas la agorafobia, aunque todavía no esté instaurada con toda su fuerza, ya está interviniendo negativamente en la vida de la persona afectada, ya que ésta no podrá acudir a espectáculos, a centros comerciales o utilizar algunos medios de transporte, lo que puede causarle problemas en su vida laboral, sus estudios o sus relaciones sociales.

Si la agorafobia va reforzándose, la persona irá eliminando más y más actividades en las que considera que podría sufrir un ataque de pánico. Muchas personas tienen que renunciar a realizar actividades tan importantes como acudir al instituto o la universidad o a su puesto de trabajo, con las consiguientes consecuencias negativas que esto acarrea. Incluso actividades tan cotidianas como ir al supermercado pueden acabar suponiendo una autentica pesadilla para el agorafóbico.

En los casos más extremos, la persona se recluye en su casa, a la que considera un refugio seguro, y se siente incapaz de cruzar el umbral de la puerta, ya que teme que, según lo haga, la ansiedad se dispare, provocando el ataque de pánico. La mayoría de estas personas se ven incapacitadas para seguir unos estudios o tener un trabajo, para relacionarse con los demás e incluso para realizar cualquier actividad cotidiana básica, como ir a las compras o al médico. Por ello, se vuelven totalmente dependientes de sus seres cercanos, lo que les hace sentirse indefensos y poco validos como personas. Esto puede desembocar en graves pérdidas de autoestima y sentimientos de depresión.

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