¿Cómo se comportan las personas que padecen agorafobia?

Las personas que padecen agorafobia se caracterizan por la evitación de los lugares que podrían provocarles ansiedad, por miedo a que eso desencadene un ataque de pánico y no poder escapar o conseguir ayuda. Los lugares que evitan no son potencialmente peligrosos, ya que suele tratarse de situaciones comunes para el resto de las personas como transportes públicos, espectáculos, centros comerciales… Evitar estas situaciones suele acarrearles graves problemas tanto para su vida personal como laboral. Además, poco a poco la agorafobia va extendiéndose y agravándose, haciendo que la persona se sienta indefensa e intranquila cada vez en más lugares y situaciones. Por ello, suelen ir reduciendo el círculo en el que se sienten seguros, hasta el punto de que, a muchos de ellos, les resulta difícil salir de su propia casa.

En cuanto a los síntomas que padece una persona con agorafobia, podemos destacar los siguientes:

  • Síntomas físicos: Mareos y sensación de desmayo, taquicardia y dolor en el pecho, sudoración, dificultades respiratorias, vértigo, nauseas, entumecimiento, sensación de que el cuerpo es irreal… Estos síntomas aparecen súbitamente y como venidos de la nada, por lo que la persona no se siente capaz de preverlos ni evitarlos.
  • Síntomas cognitivos (pensamientos irracionales): Miedo a tener un ataque al corazón (es el miedo más común entre los agorafóbicos), miedo a estar solo, miedo a perder el control en un lugar público, miedo a no poder escapar de un lugar, miedo a salir de casa por un periodo prolongado, miedo de estar volviéndose loco, miedo a los propios pensamientos, sensación de desamparo, dependencia de otras personas, miedo intenso a morir… Estos pensamientos, que aparecen de forma automática en cuanto se desata la ansiedad, hacen que los síntomas fisiológicos se disparen y que la ansiedad se convierta en pánico, haciendo que la persona se sienta totalmente fuera de control.

Tras sufrir otros ataques de pánico, la persona afectada desarrolla el miedo al miedo, característico de esta fobia. Es decir, la persona vive con el miedo constante a sufrir otro ataque de pánico, que éste siga y no pare y acabe por matarlo o volverlo loco. Esto provocará la evitación de los lugares y situaciones en los que el paciente crea que su ansiedad puede dispararse e irá generalizándose cada vez a más situaciones, limitando los lugares a los que la persona puede ir y las actividades que puede realizar. En los casos más graves, la persona queda totalmente recluida en su casa, donde, si no se le pone remedio, puede continuar encerrada durante años.

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